El cristiano, una nueva creación de Dios

Introducción

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elcristianoDebido a la imagen tan desfigurada que presenta nuestra Cristiandad en estos últimos tiempos, se hace cada vez más difícil descubrir la verdad de lo que significa ser cristiano. Si bien las causas de esta deformación son muchas y diversas, entre ellas cabe resaltar las que se derivan de una deficiente y a veces inadecuada formación bíblica y doctrinal. Puesto que la mente del hombre es altamente olvidadiza, con el transcurrir de los años logramos descuidar las enseñanzas más sobresalientes de la fe. Y con el tiempo, adquirimos una configuración muy lejana de aquellos razonamientos bíblicos más esenciales. A decir verdad, nos olvidamos demasiado pronto de los fundamentos de la Salvación, y en ocasiones complicamos nuestra existencia cristiana con extrañas formas de entender la Palabra de Dios.

Por tales motivos ha sido elaborado el presente trabajo, donde se resume explícitamente aquellas pruebas que determinan la autenticidad del cristiano en nuestro ambiguo mundo cristianizado; presentando así los aspectos más relevantes que envuelven el pasado, presente y futuro del verdadero creyente, y destacando el privilegiado estado espiritual que éste posee al ser una nueva creación de Dios…

Como es lógico no se desarrollarán todos los conceptos teológicos susceptibles, pues no es objeto de la presente obra. Existen innumerables ensayos de teología que tratan de forma amplia cada uno de los temas aquí señalados. La finalidad, si bien, es mostrar un compendio de las grandes verdades espirituales que se desprenden de la propia Escritura Sagrada, las cuales nos ayudarán a comprender mejor la maravillosa y sublime posición que el cristiano ha adquirido en Cristo Jesús. Siendo más conscientes de nuestra identidad espiritual, sin duda nos permitirá vivir la experiencia de la conversión a Dios con mayor convicción evangélica. Por ello, se hace indispensable obtener una visión generalizada, pero a la vez precisa, acerca de los argumentos bíblicos que identifican al cristiano como tal.

Es necesario considerar el panorama tan especial de nuestro actual cristianismo, porque la simulación parece ser demasiado perfecta. Así, todo aquel que asuma la condición de cristiano y por lo tanto participante del reino de Cristo, le corresponde discernir, en la medida de lo posible, aquellos errores que permiten a nuestra Cristiandad mostrarse tan confusa. De la misma forma se extiende esta invitación a toda persona que aun sin identificarse como cristiano, desee buscar la «verdad absoluta» en este mundo de gran diversidad religiosa. En nuestro tiempo muchos son los que se denominan cristianos, es cierto, pero algunos no poseen verdadera conciencia del significado de este hermoso título que se atribuyen a sí mismos. En esta corriente de seudo cristianismo, podemos prever la falsedad que nos rodea en buena parte de nuestros círculos más cristianizados. Sin ir más lejos, hoy algunos predican acerca de la fe, aunque luego muy poca fe logran manifestar en su vida cotidiana; las formas exteriores se relucen muy eclesiales, si bien, en el fondo de su alma parecen no haber encontrado a Cristo. Son muchos los que presumen de conocer la Biblia, sin embargo, deducimos que no son pocos los que desconocen al mismo Dios que la inspiró. Otros, en esta misma línea, alcanzan un gran nivel de formación teológica, pero a la vez les falta el amor del buen Pastor. La verdad es que innumerables son las personas que profesan ser cristianas, pero en realidad muchas de ellas puede que no lo sean.

Dicho esto, no nos concierne juzgar la intención del corazón de ningún individuo, sea éste creyente o incrédulo. Como bien se sabe el trigo y la cizaña deben crecer juntos (Mt. 13:30). Y si a alguien debemos juzgar, que sea cada uno a sí mismo.

Admitiendo esta premisa, no obstante, en lo que respecta al sentido de nuestra vida aquí en la tierra, también nos interesa distinguir, con el mayor atino posible, lo que se determina falso de aquello que se presume verdadero.

En definitiva, hacemos bien en reconsiderar nuestra posición delante de Dios, y valorar adecuadamente el alcance de nuestro compromiso cristiano. Porque, descubriendo las palabras de la Revelación bíblica, podemos asegurar que todo aquel que no tiene a Cristo en su corazón, de ningún modo puede llamarse cristiano.

«Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida» (1 Juan 5:11,12).