La voluntad de Dios

Introducción

La voluntad de Dios puede plantearse de muy diversas formas y en diferentes áreas de la vida. En relación con esta idea, la Biblia habla de «la multiforme gracia de Dios» (1 P. 4:10).

Cuál es la voluntad de Dios y cómo puedo conocerla, es un tema que genera no poca controversia, máxime si queremos reconciliar la soberanía del Creador con la responsabilidad humana. Con todo, una de las ocupaciones más importantes en la vida, y en especial para el creyente e Cristo, es conocer los designios de Dios; en su aspecto general, esto es, sobre la Creación, el desarrollo de la Historia, la conducta humana, las relaciones sociales y familiares, el camino de la Salvación, el propósito de la Iglesia, el estado de la eternidad, etc.; como también en su carácter específico, a saber, la particular voluntad de Dios para todo verdadero cristiano, que incluye además su vida privada y circunstancias personales. 

Antes de entrar en materia, hemos de comprender que hay propósitos celestiales que se cumplen, sin condición alguna, en todo aquel que ha experimentado la redención en Cristo. Tales designios eternos, aplicados al creyente, y previamente diseñados por Dios, no dependen en absoluto de nuestras obras o decisiones personales, sean éstas correctas o equivocadas. El hijo de Dios queda sujeto a decretos divinos inamovibles, que son aplicables a su nueva condición espiritual. Luego, con independencia de nuestros hechos (buenos o malos), a la final el Todopoderoso cumplirá fielmente sus proyectos eternos, y nuestra obediencia o desobediencia, no alterarán en ningún caso sus planes.

Siendo cierto lo dicho, por otro lado encontramos en la Biblia una dimensión práctica de los planes divinos, que en buena medida resulta condicional (condiciones establecidas por Dios). Y su puesta en marcha, así como los resultados, dependerá en cierta manera de las decisiones –buenas o malas– que cada uno tome en particular respecto a los decretos condicionales de Dios. Es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta, a la que nos referimos, según Romanos 12:2. Desde luego, podemos acercarnos o alejarnos de esta realidad; experimentar los beneficios o perjuicios de cumplir, o no, con la voluntad de Dios; vivir, en mayor o menor grado, según los mandatos divinos. El apóstol Pablo, dirigiéndose a los cristianos del primer siglo, les dijo: «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará»  (Gá. 6:7). Esta es, precisamente, la orientación teológica que vamos a destacar a lo largo de las siguientes páginas.

Visto con este último enfoque, podemos asegurar que no existe un término medio. Toda persona al presente se halla determinada en uno de los dos caminos: o dentro o fuera de la voluntad de Dios, en el sentido condicional mencionado. Jesucristo dijo a sus discípulos: «Si me amáis, guardad mis mandamientos» (Jn. 14:15).  El Señor no admite negociaciones intermedias. Si Él mismo advirtió que «ningún siervo puede servir a dos señores» (Lc. 16:13), entonces, ¿cómo saber en realidad a qué señor estamos sirviendo?

Hacer la voluntad del Creador es cometido esencial para cualquiera que haya obtenido el perdón de los pecados, y en consecuencia el regalo de la vida eterna. No fue otro el sublime propósito de Jesucristo, desde la eternidad: «Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad» (He. 10:7). Objetivo tan glorioso fue llevado a la práctica en todo su ministerio terrenal: «No busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre» (Jn. 5:30). 

Ciertamente el estudio de la voluntad Dios es un tema amplio y lleno de complejidad. Motivo por el cual vamos a resaltar más bien su aplicación en relación con la responsabilidad humana. Destacando, además, la predestinación de la vida cristiana bajo la condicional voluntad de Dios. Todo ello examinado en función de los principios establecidos por las Sagradas Escrituras, desde nuestra perspectiva temporal y humana.

Puesto que en la llamada Teología cristiana este planteamiento no se halla muy desarrollado, o por lo menos debidamente  sistematizado, es probable que alguien pudiera discrepar sobre ciertas conclusiones del presente trabajo. Personalmente acepto toda crítica de buen grado. Los cristianos hemos de proclamar siempre lo que creemos, y en caso de no ser aceptados en los razonamientos, no hay de qué preocuparse, siempre podemos hacer nuestras las palabras del prolífico misionero, Jonathan Edwars: «Prefiero ser plenamente comprendido por diez, que admirado por diez mil»

Empero, después de una detallada reflexión sobre la Revelación escrita de la voluntad de Dios (La Biblia), y añadida la experiencia de vida como siervo de Jesucristo, mantengo la convicción de que las consideraciones planteadas armonizan fielmente con los planes de nuestro Salvador para con todos los verdaderos hijos de Dios.

«El mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre» (1 Juan 2:17).

ALGUNAS PREGUNTAS DE ORDEN GENERAL

Sobre la vida ordinaria. ¿Es cierto que existe un propósito predeterminado por Dios para cada cristiano? Algunos se preguntan respecto de su cuerpo: por qué no soy tan bello/a como… ¿Dios se olvidó de mí? Acerca de las capacidades intelectuales: ¿por qué no soy tan inteligente como…? El lugar de residencia: ¿por qué nací en este país y no en otro mejor…? Sobre la familia con la que viví gran parte de mi vida: ¿tiene sentido haber nacido en tal familia, con unos padres y hermanos determinados?

La preparación académica. Aquel creyente que se propone estudiar en la Universidad, ¿cómo sabe qué carrera ha de escoger? ¿Dios se preocupa de la formación, o por el contrario está ocupado en cosas más importantes?

El empleo. ¿El Señor proporcionará a sus hijos un empleo digno, o es materia ajena a la voluntad y dirección de Dios, que se ha de buscar por cuenta propia? 

La familia. La convivencia familiar en ocasiones se hace poco llevadera, y son demasiados los conflictos habidos entre padres e hijos. La relación de algunos jóvenes con sus padres se muestra demasiado tensa, en ocasiones prácticamente insoportable. ¿Cuál es la voluntad de Dios en tal caso, que se siga soportando abnegadamente, o bien se debe optar por la independencia? En este punto, como en otros, ¿Dios enseñará a sus hijos el camino que han de escoger?

La salud. Por qué hay cristianos piadosos que han soportado enfermedades graves, y de hecho son muchos los que hoy padecen desarreglos físicos o psíquicos. ¿Es esto voluntad de Dios?

El noviazgo. Estoy conociendo a un/a joven de la iglesia, del/a cual estoy enamorado/a. Pero, ¿es voluntad de Dios que me case con él, con ella? ¿Cómo puedo saberlo…?

La soltería. ¿Es verdad que Dios tiene preparado el compañero o la compañera idónea? O, encontrarlo es una cuestión más bien de suerte… ¿Por qué mi hermano, amigo, se casó joven, y yo con cierta edad todavía sigo esperando?

El matrimonio. La convivencia en el matrimonio se está haciendo cada vez más difícil. ¿Cuál es la decisión que se ha de tomar al respecto? Qué ocurre cuando hay conflictos importantes en la pareja, y se llega a un límite en el que se preguntan: ¿hemos de separarnos…?

La economía. Por qué Dios bendice a unos más que a otros con bendiciones materiales. ¿Es voluntad de Dios que el cristiano tenga escasez de recursos? ¿Está ya predeterminada su posición económica en esta vida?

La iglesia. Cuando las desavenencias entre los creyentes son demasiadas, algunos se preguntan: ¿He de permanecer fiel a mi actual iglesia local, o he de buscar otra comunidad donde congregarme? ¿Por qué no encuentro mi lugar en la iglesia? ¿Está el Señor dirigiendo mis pasos en esta cuestión?

El servicio cristiano. Acerca de las decisiones ministeriales, también muchos se preguntan: ¿he de estudiar en un instituto bíblico? ¿Es verdad que Dios me llama a la obra misionera, o es una impresión personal subjetiva, en decisión de espíritu aventurero? ¿Cómo puedo saber si he de ser misionero, pastor, etc…? ¿Cuál es la voluntad de Dios para mí?

Al día de hoy no son pocos los cristianos que mantienen permanentes dudas acerca de los planes de Dios aplicados a su vida personal. La toma de algunas decisiones importantes, respecto de su situación en particular, les crea cierta inseguridad, al tiempo que les invade un desasosiego que no logran controlar. Y, en vista de que no alcanzan a dar respuesta a todas las inquietudes vitales, en ocasiones el resentimiento, contra Dios y contra los demás, permanece en el corazón arraigado por largo tiempo. Algunos, en tal estado de incertidumbre y confusión espiritual, optan por apartarse de la iglesia, o lo que es peor, del Señor de la iglesia

En cuanto a la dirección de Dios en la vida de sus hijos, el Dr. Packer apunta lo siguiente: «Es imposible dudar de que la dirección divina sea una realidad destinada y prometida a todo hijo de Dios. Los cristianos que no la conocen evidencian por esto mismo que no la buscaron como debían. Es razonable, por lo tanto, que nos preocupemos por saber si somos receptivos a la dirección de Dios, y que procuremos aprender cómo se obtiene» .

¿Cuál es la voluntad de Dios para mi vida? se preguntan muchos hoy... Como no siempre encontramos respuestas fáciles, se hace cada vez más necesario entender bien las indicaciones bíblicas, así como las señales recibidas de parte de Dios. Todo ello con el objeto de comprobar, en la práctica de la vida cotidiana, la siempre agradable y perfecta voluntad de Dios prometida en su Palabra, que conlleva su especial guía y dirección en todas las cosas.

A cada pregunta planteada hemos de encontrar una respuesta adecuada. Sólo así lograremos aportar estabilidad a nuestra existencia cristiana, y por otro lado también nos capacitará para ayudar convenientemente a los demás, esto es, a aquellos que por diversas causas no saben cuál sea el maravilloso plan que Dios ha preparado especialmente para sus vidas.

José M Recuero
Bachelor en Teología

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