Los extremos de la doctrina carismática

Introducción

Usted puede copiar, imprimir, y utilizar este material de reflexión sin el permiso expreso del autor.

losextremosTeniendo presente la fidelidad del pensamiento bíblico, no podemos negar que existe un cierto abismo doctrinal entre los extremos del movimiento llamado carismático y el cristianismo evangélico tradicional. Tanto es así, que debido a la gran expansión de este fenómeno en el mundo cristiano, y en medio de la evidente controversia mostrada entre los extremos de la doctrina carismática y la doctrina evangélica más conservadora, muchos creyentes viven inmersos en un gran dilema; confundidos y desorientados, no encuentran una base bíblica, sólida y razonable, donde apoyar firmemente su espiritualidad cristiana. Ciertamente es difícil definir la doctrina carismática; y consideramos que ni siquiera se le puede llamar «doctrina», debido principalmente a su falta de definición y a sus múltiples variantes. Por este motivo, procuramos no incluir en las conclusiones a todos los llamados carismáticos. Como se sabe las manifestaciones carismáticas no son exclusivas del cristianismo evangélico, y las tales se encuentran muy diversificadas en sus expresiones religiosas.

También es preciso aclarar que el presente trabajo no se muestra a modo de crítica destructiva hacia ninguna persona, dentro de ningún sector cristiano en especial. Más bien constituye una advertencia en contra de algunas doctrinas y prácticas extremas que no se presentan de forma clara en la Sagrada Escritura. No se pretende, pues, ofender a ningún hermano en la fe, ni establecer veredictos judiciales con las objeciones a ciertas enseñanzas extra-bíblicas que se suelen observar en algunos círculos cristianos carismáticos. Aunque, no obstante, también entendemos que perderíamos la integridad si con nuestro silencio permaneciésemos cómplices con los errores promovidos por la extrema doctrina del citado movimiento carismático.

Tal vez alguien pueda pensar que con esta propuesta se procura crear la división, o romper la unidad cristiana. En esto, debemos admitir que la comunión de las iglesias, o sectores evangélicos, no viene marcada por la aceptación incondicional de «cualquier viento de doctrina», como bien cita Efesios 4:4. No concibamos mal la unidad cristiana. El creyente que rompe la unidad y comunión evangélica es precisamente aquel que se aleja de la doctrina correcta, expresada de una vez por todas en la Revelación de Dios. Porque, si tenemos en cuenta la siguiente norma bíblica universal: «Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada» (2 P. 1:21), deberemos aceptar la enseñanza de que no puede haber varias interpretaciones de la Biblia. Luego, creemos, vivimos, y predicamos la única y exclusiva verdad de Dios, o por el contrario estamos creyendo, viviendo, y en consecuencia predicando una mentira.

Con esta convicción, cualquier cristiano comprometido con su Señor está llamado a contender ardientemente por la doctrina que ha sido otorgada una sola vez a los creyentes, según se nos exhorta en la carta de Judas (v.3). Por lo cual, mostrando cierta prudencia y humildad, pero sin perder la entereza y la valentía, debemos hacer frente a todas aquellas enseñanzas o prácticas que se presentan como «doctrina verdadera», pero que por su débil y oscura argumentación bíblica carecen de solidez y fundamento para ser reconocidas como tal.

Por otra parte, huelga decir que el propósito de esta obra no es confeccionar un estudio amplio y exhaustivo sobre todas las prácticas carismáticas, lo que nos llevaría a desarrollar demasiado texto. El objetivo fundamental es mostrar un análisis razonable de lo que está ocurriendo en el sector carismático extremo, a la luz de las Sagradas Escrituras, que por algo son las que poseen la última palabra en materia de doctrina, sobre todo para la vida del cristiano que quiera ser consecuente con su fe. Y con esta aspiración debemos examinar la enseñanza carismática, investigando los motivos que la originan, así como los efectos negativos que se producen en nuestro Cristianismo contemporáneo, a causa de sus extremos doctrinales.

En definitiva, solamente se pretende mostrar ciertas reflexiones, con el objeto de avivar el deseo de investigación bíblica entre los cristianos, para que averigüen, cada uno de forma personal, la verdad revelada en la Palabra de Dios y, cómo no, también las mentiras que Satanás pretende introducir por medio de sus artimañas doctrinales, resultando en unas excesivas prácticas que, a la verdad, carecen por completo de fundamento bíblico.

Estimado lector, si usted es un cristiano sincero, y desea hacer la voluntad del Dios que le ha salvado, entonces pídale en oración y con sinceridad de corazón, que le ayude a descubrir la verdadera doctrina; pues de ello depende no sólo su correcta orientación espiritual aquí en la tierra, sino que también constituye su completa preparación para vivir en la eternidad, en plena comunión con Dios y su eterna Palabra.

Por lo demás, hacemos bien en seguir las instrucciones de nuestro Señor, transmitidas a través del apóstol Pablo: «Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina» (Tit. 2:1).


«El Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios» (1 Timoteo 4:1).


José Mª Recuero


© Copyright 2008
Estrictamente prohibida su reproducción para la venta.